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GALGO ESPAÑOL: La difícil supervivencia de un corredor de fondo


Artículo escrito por Carlos Salas para la revista del perro en octubre/95 sobre el Galgo Español, su historia y sus características

 

El galgo español es un perro seleccionado para la caza. No es un velocista nato, sino un atleta de fondo. Su cuerpo estilizado, correoso, flexible y huesudo ha sido cincelado por el tiempo en carreras extenuantes, midiéndose a liebres bravas y duras como el pedernal. Exigiendo poco más que "pan duro y buena cama", ha contribuido durante siglos al goce cinegético y gastronómico de nobles, hidalgos y plebeyos. Su silueta de trazo curvo, elegante y austera, va ligada íntimamente a la España profunda, rural y castiza que, para bien o para mal, se va diluyendo en el torbellino de la modernidad y la cultura urbana. El siglo XX que ahora termina trajo bajo el brazo un trastoque profundo en la escala de valores; la competencia y el espectáculo se han convertido en ingredientes imprescindibles para una nueva cultura del ocio. El culto al espectáculo, encumbró al galgo inglés, el Greyhound, rey de la velocidad pura en canódromos y carreras de pista. Y en el campo, la primacía del criterio de "competición" fue imponiéndose al de caza propiamente dicho, favoreciéndose el cruce anglo-español, que combina velocidad y resistencia. Este hecho, unido a la despoblación y diferente aprovechamiento del campo, ha puesto al Galgo Español contra las cuerdas, al borde de la extinción.

La llegada de "reglamentos", "colleras", "puntos" y "campeones". condujo a los galgueros de élite a buscar en el Galgo cruzado de Inglés (Greyhound) y española, la síntesis necesaria de velocidad y resistencia para vencer en los campeonatos. Estas cruzas masivas y sistemáticas no lograron fijar una nueva raza, la "anglo-española", como algunos pretendieron pero, en cambio, diezmaron la población galguera autóctona. Los productos de esos cruces, suponen la mayoría de la población actual existente en el campo y cada vez es más difícil la delimitación con cierto rigor de los rasgos propios de la antigua casta española pero, aún mucho más, fijar esos rasgos genéticamente.

Las Exposiciones Caninas y un reverdecer de los lances de la caza por encima de los competitivos, pueden ser la base para la conservación y selección del Galgo Español tradicional.
Visto con ojos de Sancho Panza, tratar de preservar contracorriente al viejo y castizo corredor de fondo, puede parecer locura y desatino, pero la historia demuestra que la estirpe de los Quijotes ha estado siempre viva en la piel de toro. A esos nuevos hidalgos, capaces de disfrutar de los lances galgo-liebre sin más testigos que el campo y el cielo; a aquellos que saben paladear ese verdadero duelo de la naturaleza con más hondura que el pulso entre dos Galgos con la liebre como excusa; a los que saben emocionarse ante la belleza estética de un Galgo Español castizo con las hechuras de una auténtica obra de arte; a los que la historia les motiva y da ánimos para cultivar sus raíces culturales; sobre todo a ellos, va dedicado este artículo.

El griego Arriano y los perros Galos

Sin duda, la personalidad más influyente en el conocimiento de los origenes de la caza de la liebre con perros a la carrera fue el historiador griego Flavio Arriano, que vivió a finales del siglo II de nuestra era, durante el reinado del emperador romano Domiciano. Su obra "Cynegeticus" describe de forma exhaustiva y genial las formas de cazar de los "galos", pueblo celta asentado por entonces en lo que hoy es Francia y algunas zonas centroeuropeas. El griego Arriano es cita habitual en todos los autores que tratan el tema pero, como suele pasar, pocos de los que lo citan han leído su obra de primera mano, con los consiguientes malentendidos y confusiones. No pocas veces se atribuye a Arriano el haber reglamentado las carreras de galgos tal y como hoy las conocemos. Sin quitarle méritos a su labor, gracias a la cual la posteridad ha conocido esas formas de caza, hay que insistir en que él era sencillamente un historiador que recogía las costumbres y cultura cinegética del pueblo galo, verdadero manantial de conocimientos en ese tema. Sería idéntico el símil a, si pasados unos cuantos siglos, se le atribuyese al estadounidense Hemingway la paternidad y el invento de las suertes del toreo, tan bien descritas en sus libros sobre corridas de toros.

Otro error bastante incomprensible es el de aquellos autores que, tras citar la obra de Arriano como fuente documental, dicen que la actividad galguera era muy popular en Grecia y entre los griegos. Nada más lejano de la realidad. Precisamente, Arriano comienza su obra diciendo que él escribirá sobre las materias omitidas por Jenofonte, historiador cumbre en temas de caza de la antigua Grecia. Y textualmente dice: "Lo que Jenofonte ha omitido en su exposición, no por negligencia, a mí parecer, sino porque él lo desconocía, es la naturaleza de los perros de la Galia... Incluso no conoció ninguna raza de perros que se aproximase, por su velocidad, a la raza gala. Y he aquí la prueba: Afirma Jenofonte que todas las liebres que son atrapadas por los perros lo son a pesar de su constitución tísica y por azar. Si él hubiera conocido los perros de la Galia, me parece que es de estos perros de los que hubiese hablado en tales términos y hubiera dicho: todas las veces que los perros no cazan una liebre a la carrera es a pesar de su constitución física o por azar, ya que a estos perros, una liebre nunca se les escaparía a menos que el terreno ofrezca algún obstáculo, que un bosque oculte a su presa, que desaparezcan en un agujero o no protegiesen su fuga bordeando el fondo de un barranco. La ignorancia de esta casta de perros explica por qué Jenofonte, cuando habla de perros que persiguen a la liebre, describe el arte de empujarla hacia redes y trampas y, si las esquive, seguir sus huellas hasta el momento en que, agotado por la fatiga, renuncie a huir. Jenofonte se contenta, en efecto, con exponer la caza tal como la practican los canos y los cretenses. Los galos, también tienen una casta de perros, no menos hábiles en ese tipo de caza que los canos y cretenses, que siguen la pista por el olor, tienen formas toscas y carecen de gracia. Tales perros ventean ladrando y aullando y se les llama "Segusii", y son muy ardorosos en seguir una pista".

Pienso que esta cita textual de Arriano, traducida por la especialista Dña. Beatriz Seral Aranda del texto griego al castellano, despeja cualquier duda al respecto.

La caza de la liebre que se desarrollaba en la antigua Grecia descrita por Jenofonte. era la practicada con Sabuesos, y se desconocía la casta de perros para correr liebres a la carrera. El nombre de "Greyhound" con que han denominado los ingleses al perro de los galos seleccionado por ellos, hay que entenderlo como un homenaje a la cultura griega, más que al origen real de sus perros. El territorio griego, ni por condiciones geográficas, ni por tradición, ha sido nunca vivero del tipo de caza que nos ocupa.

Características del perro de los Galos

Arriano nos da cumplida cuenta de cuáles eran las características buscadas por los galos en su perros de carrera y nos dice: "Aquellos perros de la Galia que se distinguen por su velocidad son llamados en lengua gala "Vertragí". En principio, es conveniente que los buenos perros tengan bastante longitud de la cabeza a la cola. El mejor indicio que se puede encontrar de velocidad y de casta es esa longitud...

Los "Vertragi" deberán tener una cabeza ligera y bien conformada; no importa nada si tienen perfil aquilino o romo. Si debajo de la frente tienen un pliegue fibroso, eso ye es de gran interés. Aquellos que tienen la cabeza pesada no son buenos, ni tampoco lo son los que tienen el morro grueso terminado en masa y no en punta. En cuanto a los ojos, deben ser grandes, situados en el arran que de la cabeza, puros, brillantes, deslumbrando a quien los mira. Los más perfectos son los que lanzan miradas inflamadas de las que brotan relámpagos, a la manera de los leopardos, de los leones y de los linces...

Las orejas deben ser grandes y flexibIes. El cuello debe ser largo, redondo y flexible, de manera que parezca que se va a quebrar por efecto de su delgadez y su flexibilidad cuando tira atrás del collar.

Es mejor un pecho ancho que estrecho. Los omóplatos estarán bien diferenciados y no muy juntos. Las piernas rectas, redondas, firmes; las costillas sólidas; los riñones largos, fuertes, no carnosos, un verdadero haz de músculos. El vientre recogido; los flancos huecos. Si el perro tiene las patas de detrás más largas que las de delante, correrá mejor cuesta arriba. El color no tiene importancia, pero deben tener el pelo fino, tupido y brillante. Entre los machos, los mejores son aquellos que, grandes y bien conformados, se parecen a las hembras por su flexibilidad, y entre las hembras, las mejores son aquellas que tienen el ardor y el cuerpo musculado de los machos".

Resulta asombrosa la precisión minuciosa de esta descripción hecha hace mil ochocientos años. Por ella podemos deducir, sin lugar a dudas, la parte de herencia que las castas actuales de Greyhound y Galgo Español tienen del antiguo perro de los galos.

Nada del libro de Arriano tiene desperdicio para el aficionado a los Galgos y a los perros en general. Todos los capítulos están llenos de observaciones interesantes. En ellos se da un repaso a todo lo que concierne al Galgo, su alimentación, con quién y cómo deben dormir, las fricciones y cómo dárselas, cuántas veces hay que sacarlos y cómo, en qué estación y edad sacarlos de caza, a qué distancia deben lanzarse los perros sobre la liebre, cuántos se deben lanzar, conveniencia de excitarlos durante la carrera, cualidades de los machos y de las hembras... Increlblemente, la mayoría de las observaciones conservan una rabiosa actualidad. Por ejemplo, cuando habla de las cualidades de los machos y de las hembras dice: "La perra es ciertamente más rápida y precoz que el macho, pero éste suele ser mejor para soportar la fatiga y corre en toda estación del año. Tiene más alto precio, porque las buenas perras abundan, mientras que no es fácil encontrar un buen perro. Es preciso considerar también que una perra conserva su rapidez hasta los cinco años y un perro puede conservaría hasta los diez. Hay que estimar como un gran tesoro un macho verdaderamente bueno y atribuir a la protección de los dioses el que un cazador dé con uno de estos.

GALGO ESPAÑOL
GREYHOUND

  • Aspecto general huesudo y liviano
  • Musculatura plana y fibrosa
  • Dorso arqueado
  • Cruz baja, escápula corta
  • Tórax profundo hacia detrás, no hacia los codos
  • Angulación trasera moderada
  • Píes alargados de liebre
  • Cráneo estrecho, hocico largo
  • Mirada triste, "oriental"
  • Oreja grande y carnosa
  • Rabo muy largo
  • Aspecto general potente y sustancioso
  • Musculatura evidente y abultada
  • Línea superior casi recta
  • Cruz alta
  • Tórax profundo hacía los codos
  • Anguiación trasera marcada
  • Pies de gato
  • Cráneo fuerte
  • Mirada ardiente


El Galgo Inglés o Greyhound

En Gran Bretaña se desarrolló desde época muy antigua una gran pasión por las carreras de galgos, seleccionando ejemplares de características idénticas a las usadas por los Galos.

En el siglo XVI, el Duque de Norfolk (1558 - 1603), inspirándose en los escritos de Arriano, estableció dieciocho reglas a seguir por aquellos que quisiesen cazar la liebre de forma realmente deportiva. Estas reglas fueron acogidas con calor por los terratenientes, que comenzaron a formar diversos clubes y sociedades de caza, para practicar esta modalidad. En 1776, el Conde de Orford fundó la "Swaffham Coursing Society", un club privado restringido a veinticinco miembros que logró fama de poseer los mejores Greyhounds del Reino Unido. Lord Orford fue el socio más activo, manteniendo un criadero con más de cien sementales. Para mejorar la velocidad y coraje de la raza realizó todo tipo de cruces experimentales con perros importados, ejemplares en manos de los cazadores furtivos e, incluso, con razas caninas de funcionalidad distinta a las carreras. El más comentado y celebrado fue el que se efectuó con un perro de presa de mucho temperamento. Al parecer, tras siete generaciones, los descendientes de ese cruce aventajaban en velocidad, fortaleza y coraje a los demás competidores. Esta casta, con gran éxito, introdujo una serie de características como la oreja más pequeña, colas de rata con vértebras visibles, piel casi sin pelo y musculatura muy abundante y en relieve.

En la primera mitad del siglo XIX, una avalancha de nuevos potentados, enriquecidos en la naciente revolución industrial, compraron mansiones y terrenos en el campo, dando un auge inusitado a viejos deportes de la nobleza. Los clubes y sociedades de aficionados a las carreras, tanto de caballos como de Greyhounds, se hicieron populares y proliferaron las pruebas de campo. La más famosa de todas ellas fue la "Waterloo Cup", que se corrió por vez primera en 1836 y concitó el interés de todo el mundo, incluso del público no aficionado a las carreras de perros. Los Greyhounds ganadores de esa competición gozaban de la misma admiración que hoy las estrellas del fútbol o el baloncesto. Uno de los ganadores más famosos de la Waterloo Cup, "Master McGrath", propiedad del irlandés Lord Lurgan, fue recibido en audiencia por la reina Victoria, tributándosele los mismos honores que a los grandes personajes. Esta fiebre por las pruebas de campo al modo inglés llegó a España con retraso, a principios del siglo XX y, con ella, se abrieron las puertas a la importación de Greyhounds.

En el Tomo I del Libro de Origenes Español, correspondiente al año 1912, se inscribieron tres ejemplares de Galgo Español, tres también de Greyhound y dos de Anglo-español. Comenzaba aquí el intento de fijar una raza pura, producto del cruce entre Galgo Inglés y Español para aunar la velocidad y resistencia necesarias para competir en las Pruebas de Campo importadas de Inglaterra. El modelo para tal intento estaba en el caballo Pura Sangre Inglés, producto de sementales de raza árabe y hembras autóctonas.

Las inscripciones en el Libro de Origenes hasta los años treinta indican un auge del Anglo-español con la participación de los afijos más prestigiosos de la época, entre ellos, el del entonces presidente de la Real Sociedad Central Canina, el Conde de Lérida. que inscribió cuarenta y siete ejemplares en ese período de Anglo-español y siete de Galgo Español con su afijo "de Chamartin".

Con la perspectiva que da el tiempo, si bien se mira, aquel intento con criterios funcionales de adaptación a las Pruebas de Campo, no resultó el fiasco con que a veces se le califica. De hecho, el Galgo Anglo-español, aunque sin la homogeneización y la oficialización de raza pura, es hoy día el preponderante en las Pruebas de Campo que organiza la Federación Española de Galgos, con más de tres mil participantes en las eliminatorias regionales.

La verdadera laguna y fracaso han estado en el nulo interés por salvaguardar la raza de Galgo Español tratando de definir lo más precisamente sus rasgos, controlando la pureza de sus castas y promoviendo más Pruebas de Campo paralelas a las otras, con criterios acordes a sus características raciales y funcionales.

El Galgo Español

Ateniéndonos a las pruebas documentales y a las deducciones derivadas de los rasgos anatómicos y funcionales, parece incuestionable que la casta de galgos hispánicos es el producto de la unión durante siglos de los perros de los "galos", llegados con celtas y visigodos y los galgos tipo "Sloughi ", traídos por la invasión árabe.

El Galgo Español porta rasgos de uno y otro tronco en una magnífica síntesis, impuesta por la adaptación al clima, el terreno y las condiciones de las liebres en la península ibérica.

La limitación de espacio en un trabajo como este impide extenderse en la enumeración de documentos pictóricos y literarios que hacen referencia al Galgo Español, pero no puedo resistirme a dar cuenta de uno que considero especialmente significativo y no he visto nunca reseñado.

Me refiero a la escena con Galgos de la ermita mozárabe del siglo Xl de San Baudelio de Berlanga. En los frescos de esta ermita, que incomprensiblemente son propiedad del Metropolitan Museum de Nueva York, aparece una cacería de un jinete con tres galgos que persiguen a dos liebres. Este fresco decorativo es valorado por el historiador Marciano Sánchez como una de las manifestaciones artísticas más interesantes en las raíces culturales del pueblo castellano-leonés. Al comentar este fresco, Marciano Sánchez escribe: "El jinete no es un caballero, y el artista tiene marcado interés en hacerlo notar, porque en otra escena representa un momento de la caza de cetrería y el jinete lleva espada fsimbolo de la caballería), pero en esta ocasión tan sólo lleva un simple cuerno a la cintura, va destocado, cubierto de una túnica blanca y calza botas con espuelas. Se trata de la caza practicada por gentes que no tienen la calidad nobiliaria".

Vemos aquí que la tradición de cazar con galgos ya se encontraba asentada en Castilla en el siglo XI y el galgo era un perro "del pueblo", como ha seguido siéndolo hasta nuestros días, por encima de bandos y prohibiciones.

La influencia de los galgos de tipo árabe durante la invasión musulmana está también documentada, sobre todo, en referencias literarias, pero es especialmente significativa en la herencia anatómica y funcional que han aportado: mirada triste y nostálgica, musculatura seca y fina, hueso leve y largo, rusticidad, resistencia y tenacidad. Ese es el sello de una casta forjada en climas secos, duros y de recursos escasos.

Características del Galgo Español

El Galgo Español, a diferencia de otras razas hoy populares, no ha tenido una selección moderna, controlada, con objetivos anatómicos en la cría. Su selección ha sido durante siglos funcional, basándose en la sabiduría transmitida por tradición oral y en la intuición de los criadores. La adaptación a diferentes tipos de terrenos y liebres ha desembocado en algunas diferencias de tipo según las regiones, pero dentro de unas constantes que le confieren personalidad ante sus parientes ingleses o árabes.

El Galgo Español tiene una apariencia seca y huesuda con un aire distante y algo frío. Es de miembros largos y finos. La cabeza larga, sin gran diferencia entre la anchura del hocico y del cráneo y ejes cráneo-faciales algo divergentes, de morro ligeramente acarnerado. Los ojos no deben ser saltones ni redondos y ardientes, sino más bien de mirada lánguida y "oriental". Las orejas, en rosa, grandes y carnosas. El cuello muy largo, delgado, flexible y casi del mismo grosor desde la cabeza hasta su implantación en la escápula. Una buena longitud de cuello le será de gran ayuda como balancín en los quiebros y a la hora de matar. La cruz o "agujas" debe ser baja. lo que igualmente le es necesario para entrarle a la liebre en carrera. El costillar debe ser profundo hacia atrás, con espacios intercostales amplios, pero no muy profundo hacia los codos, como el Greyhound. Esta configuración del costillar confiere al Galgo Español una silueta aún más alargada. La grupa es huesuda. La angulación delantera de radios cortos y bastante cerrada y la trasera de radios largos y más abiertos. Esto hace que sea más alto en la zona trasera.

El pie no debe ser de "gato", sino ovalado y bien prieto, para poder cambiar con más facilidad de dirección en los quiebros de la liebre. El rabo muy largo es una característica racial, muy apreciada, con igual grosor en el nacimiento que en la punta. El rabo le hace de balancín en los giros. El pelo ha de ser liso y con mucho brillo cuando es corto, y sin demasiada longitud en la variedad de pelo duro o "peluzón". La región de los riñones debe ser fuerte, encarpada y con las vértebras visibles. La musculatura debe ser la de una corredor de fondo: seca, correosa, como fibras de acero planas, sin el abultamiento y volumen que presentan los corredores de distancias cortas y en máxima velocidad.

En el trote, el Galgo Español no tiene un porte altivo, ya que su configuración le hace ir con la cabeza adelante y un poco baja, pero hay que entender que su marcha natural es el galope, y para él ha sido creado. Observándole al paso desde delante y desde atrás se observará que las patas tienden a buscar el apoyo en la línea que pasa por el centro del cuerpo.

Hay muchos, muchísimos galgos en los campos de España que conservan uno o varios de estos rasgos, pero son cada vez menos los que poseen la mayoría de ellos. Trabajar con los mejores de entre éstos, a fin de perpetuar la casta española, es todavía posible, aunque cada vez va resultando más difícil. Para lograrlo, se impone un trabajo colectivo serio y riguroso con grandes dosis de entusiasmo

Carlos Salas Melero

Juez Especialista de Galgo Español

La revista del perro nº 26 octubre 1995
 
 

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